Algunas tradiciones matrimoniales

La torta de bodas era arrojada a la novia o partida sobre su cabeza durante el siglo I d.n.e. en Roma. Es uno de los muchos símbolos de fertilidad que son parte de una ceremonia de matrimonio.

El padrino de bodas responde a una tradición germánica del año 200 d.n.e. Dentro de los godos de Europa del Norte, usualmente se realizaban matrimonios dentro de la misma comunidad. Pero, si escaseaban las mujeres, el novio debía capturar una novia de algún pueblo cercano. Lo hacía acompañado de su mejor (o más fuerte) amigo, quien lo ayudaba a capturarla.

Dentro de la misma tradición, la Luna de miel comenzó como la necesidad de mantenerse escondidos para evitar que la familia de la novia la reclamara. Para el momento en que al fin los hallaran, ella probablemente estaba embarazada y en ese caso, se negociaba el precio de la mujer.

Las despedidas de soltero tienen sus orígenes entre los soldados espartanos. El novio organiza una fiesta con sus amigos la noche antes de casarse. Le dará el adiós a su soltería y prometerá fidelidad a sus camaradas.

La forma en que resultó ser de mala suerte que el novio viera a la novia antes de la ceremonia es sumamente curiosa. Hasta hace relativamente poco tiempo, las novias eran consideradas propiedad de su padre. Sus matrimonios eran convenidos sin su consentimiento.

El casamiento de una mujer poco atractiva era generalmente “arreglado” con un futuro esposo de otra ciudad sin que ninguno de los dos futuros cónyuges se conociera. En más de una ocasión, cuando el novio veía a su futura esposa, por primera vez el día de la boda, usualmente vestida de blanco, cambiaba de parecer y la abandonaba en el altar.

Para evitar tamaño show que implicaba mares de lágrimas y posiblemente la soltería de por vida de la joven, se “convirtió” en mala suerte ver a la novia antes de la ceremonia. Incluso, para que el novio no pudiera reconocer su rostro hasta que la ceremonia hubiera concluido, se empezaron a usar velos amarillos opacos. No sólo el novio no podía detallar la cara de la novia; ella tampoco a él. Entonces, el padre la escoltaba hasta el altar para entregarla al novio. Luego de casados, venían las sorpresas.

Una de las tantas tradiciones que rodean a las bodas es aquella que dice que la novia no debe llevar perlas en el día de su matrimonio, pues hacerlo traerá lágrimas a la flamante esposa y desdicha en el nuevo hogar.

Esta creencia proviene de la idea que las perlas se asemejan a las lágrimas y probablemente venga del cristianismo que comparaba a estas hermosas joyas con lágrimas de ángeles.

Como toda tradición, está en nuestras manos seguirla o no. Si creemos que pueden influir, ¿por qué arriesgarse? Sin embargo, si eres de aquellas novias que rompen con lo tradicional no dudes en llevarlas, las perlas son joyas delicadas que armonizarán muy bien con el color de tu vestido de novia. Puedes llevarlas como aretes o pendientes, brazaletes o pulseras, un fino collar, en la tiara o incluso puedes incluirlas como parte de las aplicaciones de tu traje de bodas

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